Hong Kong… el lugar en el que cada centímetro de hormigón batalla con la naturaleza por abrirse camino

Tras muchas semanas sin escribir debido a viajes, trabajo y eventos varios, retomo el blog para comentar mis queridas andanzas por estas tierras plagadas de curiosidades y de situaciones inolvidables.

Después de unas semanas encerrados,  tras salir del trabajo, fuimos directos y sin pausa hacia el aeropuerto para iniciar nuestro primer viaje “fuera” de China, y digo fuera entre comillas porque hoy en día, tras haber sido colonia inglesa, Hong Kong a pesar de no formar parte estrictamente de China, es considerada una Región Especial Administrativa de la misma. Es un lugar insólito, en el cuál dan cabida en muy poco espacio mar, montañas, rascacielos, bosques, islas… un lugar en el que puedes pasar en tan solo 15 minutos del bullicio, las mareas de gente, las plataformas y las estrechas aceras (las pocas veces que las hay) a estar en el más  absoluto relax en medio de la naturaleza.

Típica calle no calle

Vistas desde montaña

Recién llegados a la estación de Hong Kong, tras coger el tren desde el aeropuerto, nos reencontramos con mi gran amigo Edu, compañero de faenas este verano y mejor persona. Después de los pertinentes saludos cogemos un taxi y nos dirigimos a su casa para dejar los enseres y prepararnos para disfrutar la noche de Puerto Fragante.

A la mañana siguiente, tras dormir poco más de una hora, cosa que evidentemente se puede apreciar en los caretos de las fotos, nos dispusimos a quemar las suelas de las zapatillas y descubrir los míticos rincones de esa gran, pequeña ciudad.

Sin duda alguna lo que más impresiona al principio de Hong Kong Island es la ausencia de aceras, simplemente no existen, o al menos no como las conocemos, en una ciudad que se levanta sobre un puñado de tierra entre mar y montaña dónde no cabe ni un edificio más, no se pueden permitir desperdiciar el poco espacio que poseen para construirlas, porque sin duda, es mucho mejor aprovecharlo para levantar enormes edificios que alberguen la mayor cantidad de personas posibles. Quizás al inicio pueda resultar algo agobiante esa falta de espacio y el moverte entre plataformas que pasan por encima de las carreteras de edificio a edificio, puentes…. no es mi caso, sin duda me que de gratamente impactado por la novedad.

Tras la visita a un clásico templo, nos encaminamos hacia Victoria Peak, montaña situada a las espaldas de Hong Kong Island a tan solo 15 minutos en taxi en la que se pueden disfrutar de unas espectaculares vistas de toda la zona, Hong Kong Island, Kowloon, Causeway Bay… Lugar digno de visitar, y si tienes suerte y no hay mucha contaminación y bruma, sin duda quedarás enamorado de la ciudad.

Vista desde Victoria Peak

Otro conocido “must see” es el famoso Budha gigante de Lantau, que se encuentra en la isla de la que toma el nombre, la Isla de Lantau, vecina de la artificial en la que se encuentra el aeropuerto del “país”. Recomendable ir en metro hasta los pies de la montaña. Una vez allí existen dos maneras de subir, teleférico y por carretera. Sin duda alguna lo que más aconsejo para disfrutar de la experiencia es subir deslumbrándose por el largo e interminable teleférico, que cruza mar y bosques, y bajar gozando de la conducción agresiva de un buen autobusero entre curvas que se retuercen en medio de la montaña. Una vez llegados arriba sin duda os quedaréis deslumbrados por el enorme Budha que allí se encuentra, en medio de ese paraje, y seguro que surgirán las inquietudes y la curiosidad  de saber cómo lograron subirlo hasta allí. Como pequeña pega, cabe menciona que justo a los pies del Budha, han construido una pequeña zona típica de turisteo, con sus puestecillos e historias, que desentonan un poco con el paraje natural.

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Entrada la noche, dos actividades esenciales en Hong Kong son subir a uno de los rascacielos más altos del mundo, a la última planta, dónde se encuentra un bar/discoteca para gozar de unas IMPRESIONANTES vistas de toda la bahía mientras disfrutas de una cara cerveza, eso sí, pero merece la pena sin ninguna duda, estoy seguro que esas imágenes no se me borrarán jamás de la mente. La otra y muy famosa, quizás la más famosa de Hong Kong, es ir a Kowloon y pasear por el Paseo de las Estrellas enfrente de Hong Kong Island, disfrutando del mar que las separa y gozando del Skyline. Todas las noches se realiza un espectáculo, al que acuden miles de personas para presenciarlo desde el paseo. De repente gran parte de los rascacielos que componen el Skyline de Hong Kong Island empiezan a encender y apagar luces, moverlas, cambiarlas de color, “al ritmo de la música”, sin duda lo menos bueno del espectáculo ya que parece sacada de un videojuego de la GameBoy. El evento es conocido como Symphony of Lights y aquí os dejo un enlace para que podáis ver en vídeo tan curioso evento.

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Después de disfrutar del Symphony of Lights, lo más tipico es seguir recorriendo el paseo de las estrellas, llamado así porque es una copia del típico paseo de Hollywood, con estrellas incluidas de actores como Bruce Lee y Jackie Chan entre otros. Al final del paseo, se encuentra la famosa estatua del amigo Bruce, sin duda alguna, lugar clásico dónde millones de personas habrán inmortalizado ese momento con una fotografía posando junto a la misma.

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De mañana es digno de mencionar el pasearse por las calles más caóticas de Hong Kong Island, pasearse por el tranvía y perderse entre los puestecillos de comida, ropa y demás enseres. También el turista se ve obligado a conocer el Escalator, una enorme e interminable escalera mecánica que lleva desde los barrios bajos de Hong Kong Island a los que se encuentran a los pies de la montaña. Aprovecho para recalcar la falta de espacio para construir aceras  y así comentar la bien lograda función del Escalator que cruza edificios y se eleva sobre las calles de esa compactada urbe.

No quiero acabar sin mencionar el domingo filipino. Cada domingo millones de filipinas que trabajan como amas de casa y cuidadoras salen a la calle y comen y disfrutan de sus únicas 12 horas libres a la semana, desde las 8 a las 20 horas. Situación impresionante y digna de vivir, y en la que uno se da cuenta de lo afortunado que es. Miles de mujeres filipinas se agolpan por los rincones, parques y pasarelas de Hong Kong sobre cartones para disfrutar de su día libre. Durante esas horas se las puede ver comer, jugar a las cartas, maquillarse para salir de fiesta después de comer… situaciones que dejarán impactado al visitante.

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Si quiero resumir mi impresión de Hong Kong, sin duda alguna fue un viaje inolvidable: buena compañía y un lugar impresionante y lleno de contrastes, sin duda único en el mundo y muy distinto de Pekín; para empezar, porque se habla inglés y cantonés, no únicamente mandarín y por continuar porque los chinos no van continuamente escupiendo y haciendo el gorrinillo por las calles entre otras muchas cosas. Un lugar impresionante que todo el mundo debería visitar, aunque poco a poco me voy dando cuenta de que cada lugar en Asia, incluido Pekín, me merece esa opinión.

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~ por remyo69 en diciembre 23, 2012.

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